El tesón de quien decide estudiar Enfermería

Cumplir los dieciocho años –o la edad que sea, en el caso de que las condiciones personales sean otras- y optar por matricularse en el Grado de Enfermería es una decisión que requiere ser madurada. Hay que lleva en la sangre la vocación de ser enfermero o enfermera y lo tiene my claro; también hay quien decide probar y dejarse enamorar –o desenamorar- por los encantos de esta profesión.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la Enfermería es una profesión que requiere de un cierto sentimiento de filantropía y de afecto hasta el resto de seres humanos. Pocas cosas más bonitas hay que servir de ayuda al prójimo; pero, ojo, también habrá que tener bien claro que Enfermería y Medicina no son los mismo, y que cada disciplina tiene un terreno muy bien acotado donde desarrolla su actividad.

Pero estudiar el Grado de Enfermería no es ningún trámite. Las enseñanzas son muchas, y oscilan desde tareas básicas de aseo y confort del paciente hasta labores más complejas y cercanas a la labor de acompañamiento del profesional médico. Siempre hay excepciones, pero por lo general, los trabajadores del ámbito de la Enfermería sienten verdadero amor por su trabajo, algo que en otras profesiones no es tan usual.

Los conocimientos científicos y humanistas que el Grado de Enfermería agrega a la persona también son dignos de tener en cuenta. es importante conocer cuál es el programa de asignaturas de los cuatro años de Universidad en que se adquirirán los conocimientos; puede ser que en primero y segundo curso el atractivo de Enfermería sea menor al estar enfocado a la parcela de aseo y asistencia básica, pero segundo y tercer curso pueden llegar a resultar apasionantes y mucho más llevaderos. Así que si el gusanillo de la Enfermería lo llevas muy adentro, adelante, a servir a la sociedad y a intentar vivir de lo que te gusta.

Aquellos Mundiales de 500 centímetros cúbicos

Fue en el año 2002 cuando el Campeonato del Mundo de Motociclismo optó por eliminar los 500 centímetros cúbicos de la categoría reina. Fueron las motos de cuatro tiempos, con en torno al doble de cilindrada, las que tomaron el relevo, en lo que fue catalogada como categoría Moto GP. Fue el grandioso piloto italiano Valentino Rossi el que mejor testigo de esta transición, ya que él fue quien se alzó con el Mundial tanto en 2001 –último año de los 500 cc- como en 2002 –primer año de Moto GP-.

Para el recuerdo quedarán aquellos preciosos chasis de las motos de 500 centímetros cúbicos, cilindrada sin duda que marcó una época y que marcó las bases del motociclismo actual. En el corazón aún guardan todos los amantes de las motos aquel Mundial que conquistó el catalán Álex Crivillé en 1999, año en que logró acabar con la hegemonía y el monopolio del que había sido su compañero de equipo en Repsol, el australiano Mick Doohan –ganó cinco campeonatos de manera consecutiva-. Eran los días de gloria de Honda.

Antes de Doohan, habían sido los estadounidenses quienes habían dominado los 500 cc. 1993 fue el año de Kevin Schwantz, un extraordinario piloto que vino a tomar el relevo de sus compatriotas Wayne Rainey –conquistó el mundial durante tres años seguidos: 90, 91 y 92- y Eddie Lawson –logró cinco mundiales en la década de los ochenta-.

Kenny Roberts Jr., en el año 2000, el penúltimo de los 500 cc, emuló a su padre, Kenny Roberts, quien también había sido campeón en la categoría reina. Luego la historia ya se sabe: llegó el huracán del motor Valentino Rossi y revolucionó el motociclismo para siempre. También en el corazón de los aficionados y nostálgicos de los 500 cc quedarán detalles como las mágicas y artísticas derrapadas del australiano Garry McCoy, las espectaculares defensas del brasileño Álex Barros o la estirpe de guerrilleros japoneses formada por gente como Abe u Okada.

 

La educación de los hijos de padres separados

 

La separación de un matrimonio puede ser traumática por muy diferentes aspectos. La ruptura de la armonía del nuclear familiar puede conllevar traumas y preocupaciones a los hijos, que, obviamente, preferirían que sus ascendientes siguieran juntos por siempre. No obstante, si el matrimonio, sea por motivos económicos u otros distintos, continúa viviendo bajo el mismo techo sin un mínimo de amor y de interrelación, la situación será igualmente perjudicial para los críos.

Si la pareja decide separarse, lo ideal será que lo haga manteniendo sus problemas al margen de los hijos; ante ellos, todo tendrían que ser buenas caras y explicaciones acerca de por qué la situación va a cambiar. Si el niño o adolescente ve que sus padres siguen siendo felices por separado y que ambos se respetan, habrá mucho terreno avanzado. Pero, ojo, si por el contrario la ruptura es traumática y los hijos se convierten en parte de la negociación y quedan a mitad del fuego cruzado de ambos, el contexto será muy perjudicial y los descendientes reaccionarán con mala conducta, llamando la atención y enfrentándose al propio mundo.

Cuando unos padres se separan, los hijos pueden tener un bajón anímico considerable, por lo que hay que seguir muy atentos a ellos. Sería el momento de convertir el limón en limonada; tener dos padres debe ser interpretado como una doble oportunidad para dar cariño, atención, cuidado, apoyo y comprensión a los niños. No mimos ni consentimientos, pues eso será nocivo en cualquiera de los contextos familiares.

Pero si la separación de los padres se produce de un modo civilizado y a los niños se les trato con una combinación de afecto y madurez, todo será más llevadero y la normalidad triunfará. Los psicopedagogos recomiendan a los padres hablar bien el uno del otro delante de los hijos, dejar a los niños al margen sus problemas sentimentales y económicos y fortalecer los vínculos entre padre y progenitor a raíz de esta situación sin que se produzca ninguna especie de competición entre padres.

El ciclismo como ADN de Ávila

Uno de los deportes más duros y hermosos del mundo tienen en Ávila y su provincia uno de sus templos. El terreno escarpado y los niveles desiguales de altura hacen que esta sea una zona capaz de parir a geniales ciclistas. La afición a la bicicleta es total entre los jóvenes abulenses, que harían bien en seguir dando validez a esta bonita tradición.

Diferentes rutas y carreras a bicicleta conforman el pan de cada día de Ávila, ya sea en bicicleta de montaña o de carrera. Sin ir más lejos, este 18 de septiembre se disputa campo a través el recorrido ciclista de El Tiemblo, compuesto por un total de cincuenta y dos kilómetros en la prueba en ruta, mientras que la contrarreloj será de doce kilómetros.

Y es que cualquier vía es buena para introducir a los jóvenes en el mundo apasionante de la bicicleta. De Ávila han surgido deportistas que ganaron el corazón de los aficionados de todo el mundo, como Paco Mancebo, que ocupó un papel destacado en el pelotón con el maillot del equipo Banesto. Los mismos colores que Mancebo vistió uno de los genios de la bicicleta que ha dado nuestro país, José María Jiménez; ‘El Chaba’, como era conocido popularmente, natural del pueblo abulense de El Barraco, marcó un antes y un después encima en el ciclismo, con una clase descomunal, una elegancia fuera de lo común corriendo, un carisma excelso y una alegría y ambición en la competición que lo hicieron un héroe, a pesar de ganar ninguna de las grandes competiciones.

El cuñado del Chaba, Carlos Sastre, natural de Leganés pero forjado también en El Barraco, sí que tuvo la enorme capacidad de ganar en 2008 el Tour de Francia. A la provincia de Ávila también pertenecen otros ciclistas que dejaron su sello en la élite, como lo fueron el gran Julio Jiménez, Ángel Arroyo o Juan Carlos Arribas, por citar algunos.